Buceando los restos del Itapagé
Texto: Nestor Antunes de Magalhães

Nota de U-Historia:
El siguiente relato forma parte de un libro escrito por Nestor Antunes de Magalhães y cedido a U-Historia por el autor. Desde U-Historia podríamos haber resumido el mismo para centrarnos únicamente en la inmersión realizada al Itapagé pero debido al contexto histórico del mismo y de las experiencias relatadas por Nestor, hemos creido oportuno mantenerlo integro.


Al inicio de los años 40 Brasil comenzó a recibir una creciente influencia de los norteamericanos, cosa extraña habiendo una significativa parte del pueblo, oficiales del Ejército y hasta integrantes del Gobierno Federal, que eran simpatizantes de Alemania. Evidentemente, el posicionamiento de nuestro país con Estados Unidos contravenía los intereses del Eje.

Pronto tuvimos pruebas de ello. El día 22 de Marzo de 1941, el vapor mercante brasileño Taubaté, que navegaba por el Mediterráneo oriental, fue ametrallado varias veces por un avión de la Luftwaffe. Aún averiado y con diversos heridos a bordo, consiguió alcanzar el puerto de Alejandría maniobrando con el timón de emergencia. En este ataque falleció el marinero José Francisco Fraga, primer brasileño muerto en la II Guerra Mundial.

Ya en el primer semestre del año siguiente fueron atacados y hundidos de 13 buques más de nuestra Marina Mercante. Casi todos en la costa Este americana y en el Caribe. Pese a ocurrir a gran distancia del litoral brasileño, tales acciones tuvieron gran repercusión en la opinión pública. El día 1 de Enero de 1942 se celebró en la ciudad de Río de Janeiro, la solemne inauguración de la III Reunión de Consulta de los Ministros de Asuntos Exteriores de las Repúblicas Americanas, más conocida como Conferencia de los Cancilleres. Estuvieron en el Palacio Tiradentes las delegaciones de 21 países del continente americano y, tras casi dos semanas de reuniones. La mayoría de estos países decidieron romper las relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón. Buena parte de tal decisión la tuvo la brillante y apasionada oratoria de nuestro Ministro Oswaldo Aranha, uno de los principales ponentes.


Pero ello tendría consecuencias que serían dolorosas. Fue entonces cuando los lobos grises vinieron para aquí, silenciosamente, hasta nuestras aguas. Tan próximos que por la noche podían ver las luces de Recife, Salvador o Río de Janeiro y sentir el fuerte olor de la tierra. El U507 fue el primero en llegar, ya en Agosto de 1942, y sus acciones fueron devastadoras en la costa Norte, sorprendiendo y hundiendo a seis barcos portugueses y uno sueco en pocos días. Fue él quien mandó a pique con dos torpedos al vapor Baependy de 4.801 toneladas que transportaba en aquella trágico noche a parte del 7º Grupo de Artillería. De las 306 personas que estaban a bordo, 270 perecieron. Fue el periodo conocido como el Agosto Negro. Siguiendo su estela vinieron otros submarinos, incluso algunos italianos, y los ataques que se sucedieron provocaron que Brasil declarara la guerra a Alemania y a sus aliados. También provocaron la llegada de un grupo de trabajo americano a nuestro litoral.

Por estas aguas comenzó un intenso tráfico de buques con destino a América del Norte, abarrotados de alimentos y materias primas, suministros fundamentales para un tiempo de guerra. Y, por si fuera poco, barcos procedentes de Estados Unidos, cargados con tanques Grants, Stuarts y Shermans recién construidos, destinados a las tropas aliadas que combatían en África del Norte, también estaban eventualmente navegando en la costa brasileña y haciendo escala en el puerto de Recife. También había mercantes transportando tropas y material que pasaban por aquí, contorneando después el Cabo de Buena Esperanza en el extremo meridional del continente africano, para ganar el Índico(1). Los alemanes sabían de este tráfico marítimo hasta tal punto que desde Berlín se emitían por radio programas para Brasil, en portugués, haciendo mención a este flujo continuo de cargueros, amenazando con mandarlos a pique con submarinos.

Obviamente, esto atraía a los Uboote como un lechón rollizo atrae a un lobo hambriento.



Al principio, no estábamos ni remotamente preparados para una guerra antisubmarina y nuestro mar territorial era un delicioso campo de caza para los Uboote. En Agosto de 1942, no teníamos sónar, radar, moderna munición subacuática, buques de guerra adecuados ni, mucho menos, una aviación capaz de patrullar eficientemente nuestras aguas. Además, el soldado de aquella mitad de siglo, hacía tiempo que dejara de ser un campesino armado con un sable o un fusil, para ser un operario especializado que manejaba maquinaria compleja. Por ello, también nos faltaba entrenamiento.

Así pues, desde Agosto de 1942 hasta Julio de 1944 los lobos estuvieron cazando por aquí, hundiendo a 71 barcos brasileños y Aliados.

Sin embargo, no quedaron impunes. Se desarrolló una intensa guerra antisubmarina por parte de las unidades aeronavales americanas y brasileñas que patrullaban eficazmente esta inmensa costa. Nuestro verdugo, el U507, fue hundido el 13 de Enero de 1943 cerca de Fortaleza, Ceara, con toda su tripulación. Un hecho curioso fue que su Comandante, el Korvettenkapitän Harro Scharch, apresó al Capitán del vapor inglés SS Baron Dechmont, su penúltima víctima. Fue un hombre sin suerte, ya que estaba a bordo como prisionero de guerra, cuando el U507 desapareció para siempre.

El último fue el U161 el 27 de Septiembre de 1943, bombardeado y ametrallado por aviones cerca de Salvadro, Bahía. Este submarino estaba mandado por el Kapitänleutenant Albert Achilles, un hombre flaco y raquítico, pero dotado de una energía y un coraje únicos que provocaban la admiración y el respeto de sus subordinados y compañeros.


El cazador se estaba transformando en presa, pero nunca moría sin luchar. En las aguas brasileñas, su principal enemigo era el avión y, muchas veces, sorprendidos en superficie, aceptaban el combate. Estaban armados con cañones automáticos de 20 mm y 37 mm y derribaron o averiaron varios aviones. La Fleet Air Wing 16, gran unidad aérea americana(2) en Brasil, tuvo seis de sus aviones abatidos con un total de 48 tripulantes muertos.

Hubo terribles batallas, particularmente el hundimiento del U513 a la altura de Florianopolis, Santa Catalina, y del U199 en la costa de Río de Janeiro.

Luchando por sus vidas como lobos acorralados, consiguieron derribar a un bombardero americano, acribillado a proyectiles de 20 mm y dañaron otros con nutrido fuego antiaéreo.

El golpe final al U199 fue dado por un hidroavión Catalina(3) de la Fuerza Aérea Brasileña, pilotado por el Capitão Alberto Martín Torres, quien pese a las balas que rozaban su avión, lanzó tres cargas de profundidad Mk 44 junto al casco del Uboot que agonizaba.

El U199 naufragó en el centro de un remolino de espuma blanca, dejando a su Comandante, el Kapitänleutenantt Hans-Werner Kraus y once tripulantes, nadando en el mar agitado. El Catalina sobrevoló la zona en vuelo bajo, lanzando un bote hinchable a los supervivientes. Todos fueron recogidos posteriormente por un destructor americano.



El U199 fue el primer Uboot Tipo IXd2 en ser hundido. Era un gran submarino con más de 87 metros de eslora, 1.799 toneladas de desplazamiento sumergido y cerca de 32.300 millas marítimas de radio máximo de acción. Por tanto, los prisioneros eran una importante fuente de información.

El tosco, pero letal Catalina fue bautizado poco después como Arará y en su cola se escribió “Doado à FAB pelo povo carioca” (Donado a la Fuerza Aérea de Brasil por el pueblo carioca). En su fuselaje también se pintó una pequeña silueta de un Uboot Tipo IX.

Tiempo después, cuando participaba en unas prácticas de instrucción en Recife, el Capitão Torres vio un alegre grupo que disputaba un partido de fútbol. Atletas bien alimentados, hábiles y bronceados por el sol, jugaban con bastante entusiasmo en un campo cercado de tela y alambre a lo largo de la pista de aterrizaje. Un alboroto juvenil.

Eran los supervivientes del U199. El equipo de la Ubootwaffe, ¡la selección del U199!. Felices prisioneros de guerra, esperando su traslado a Estados Unidos. ¡Aquí mismo!(4)


Hay una historia que causa escalofríos. Dicen que es verosímil y yo ya había leído algo al respecto. El U604 quedó muy dañado por aviones a unas 100 millas de Maceió. Alejado, sin poder sumergirse y con diversos heridos a bordo, pidió socorro al U185 que llegó poco después.
En el momento en que se transferían los heridos y, la tripulación del U604 se preparaba para hundir el moribundo Uboot, apareció un bombardero americano B24 Liberator(5) que atacó sin piedad con ametralladoras y bombas. Mientras tanto, los artilleros del U185, un Uboot Tipo IXc/40, estaban alerta y el Liberator, acribillado a proyectiles de 20 y 37 mm, cayó al océano.

Después el destrozado U604 fue echado a pique por su propia tripulación y el U185 continuó su ruta, abarrotado ahora con los supervivientes de su hermano. Pocos días después fue nuevamente atacado, esta vez por Avengers(6) y Wildcats(7) del portaaviones de escolta USS Core. Gravemente alcanzado, comenzó a hundirse. El Comandante del U604, Kapitänleutenant Horst Höltring, se encontraba a bordo del U185 en una improvisada enfermería. Malherido e incapaz de salvarse, vio que el agua del mar invadía el interior del submarino. Estaba junto a otro marinero en su misma situación, quién le suplicó al Comandante que le matase.

El Kapitänleutenant se levantó de la camilla y con un tiro de pistola, le evitó a su subordinado la horrenda agonía. Luego se metió una bala en la cabeza. El U185 se hundió en medio del Atlántico y solamente 22 hombres de ambas tripulaciones fueron rescatados.

Pese a todo hubo un grand finale en esta historia de hierro y sangre. Un hecho que pocos conocen pero que, incluso hoy, da que pensar. La Fuerza Expedicionaria Brasileña estuvo, tal vez, cerca de una tragedia de inmensas proporciones. En Julio de 1944, el U861, sediento de venganza, estaba patrullando no muy lejos del área del Atlántico Central por donde navegaba el transporte de tropas General W.A. Mann en el cual iba embarcado el primer contingente de la FEB, compuesto por 5.081 soldados. Felizmente, arribaron a Nápoles el día 16 de Junio de 1944 sin novedad.



Cuando los restos de un Uboot no son encontrados, se suele decir que sigue de patrulla. Pienso que el U128, hundido en la costa del Estado de Alagoas, tal vez sea el menos difícil de localizar. Aunque circulen algunos rumores sobre su hallazgo por un buzo que, semanas después, falleció en un accidente, llevándose el secreto a la tumba, creo que la cosa no pasa de habladurías infundadas. Pese a todo es posible que esté relativamente cerca de la costa y a menos de 60 metros de profundidad, siendo cuestión de tiempo su localización(8).

Recuerdo que en 1998 estaba buceando con Sea Divers, en la playa de Ponta das canas, Florianópolis. Hablando con Julio Silva, propietario de la empresa, sujeto de confianza y muy bien informado, acabé sabiendo algo fantástico. Un vetusto torpedo cubierto de percebes y algas, vino enganchado en una red de arrastre de unos pescadores de la zona. Se llevaron un gran susto. En poco tiempo el personal de nuestra Marina de Guerra fue allí y, sin muchas palabras, recogieron el siniestro hallazgo.

¿Un torpedo de ejercicio de un submarino brasileño o un torpedo del U513? ¿Pasaría la red por los restos del Uboot?

Julio aún aporta una tercera hipótesis, la cual encuentro menos verosímil. Fue allí, bien cerca, en Baia Norte, donde en 1894 ocurrió el Combate Naval de Anhatomirim. Fue durante la Rebelión de la Armada(9), nacida el año anterior.

En una mañana oscura, el torpedero legalista Gustavo Sampaio, lanzó cuatro torpedos Whitehead(10) contra el acorazado rebelde Aquibadan. Uno de ellos alcanzó la proa del buque, pero los otros tres fallaron el blanco. Sería entonces uno de ellos, el ingenio enganchado en la red.


Después fue otro amigo, João Barcelos, quien insistía sin descanso en la existencia de un submarino alemán hundido en la playa gaucha de Torres. Y fueron cuatro años de insistencia.

Mira João, ¡es imposible! El naufragio más meridional de un Uboote es el del U513. Está muy lejos, a la altura de Floripa. Quítate eso de la cabeza.

Pero Nestor, ¿pudiera ser que una corriente marina…?, ¿una tempestad?, ¿un tornado?

¡No, de ningún modo!

Hasta que un bello día, entretenidos por la conversación de un simpático amigo, cargamos el material de buceo en el coche y fuimos para Torres, litoral norte de Río Grande do Sul. Entonces, ya llegando, tuvimos que abortar la operación pues el mar estaba muy agitado. Una pena, pero sabemos que esto forma parte de la actividad.

Al despedirnos, fuimos a tomar un café a casa de nuestro amigo torrense. Él, siempre sufriendo por mi escepticismo, corrió por la casa, cogiendo recortes aquí y fotos allá y, de repente, PAFFF, puso sobre la mesa un viejo y amarilleado mapa del municipio de Torres.

En él, bien dibujado, cerca de la playa, aparecía la imagen de un Uboot hundido de popa. Sobre el dibujo había una referencia: “1943- Afundamento de um submarino nazista pela FAB” (1943 – Hundimiento de un submarino nazi por la FAB). Recordé la historia del U869(11). Sentí un escalofrío que nadie percibió. ¡Dios mío!

En aquella primera semana de Primavera de 2009 yo estaba doblemente disgustado. Había vuelto de un infructuoso viaje a Turquía, donde planeaba bucear en el U20, un submarino alemán del Tipo IIb, hundido en el Mar Negro en 1944. Una extraordinaria historia, pues este Uboot y cinco de sus hermanos habían sido desmontados en Kiel, al Norte de Alemania y transportados durante más de 2.000 kilómetros a través de carreteras y canales fluviales hasta el puerto de Constanza, Rumanía. Montados de nuevo, entraron en acción contra la navegación soviética en el Mar Negro y, en 56 operaciones de combate, hundieron más de 45.000 toneladas de buques. ¡Impresionante!.

Mi compañero iba a ser Selçuk Kolay, hábil buceador turco, importante figura en la arqueología subacuática internacional y descubridor del pecio del U20. Sin embargo, olas de más de dos metros en la región habían abortado nuestro buceo. ¡Una pena!



Otra decepción fue el ir a ver una película lamentable. Radio Auriverde, de Sylvio Back, es una especie de documental realizado en 1991 donde el director tiene la clara intención de humillar a la Fuerza Expedicionaria Brasileña, potenciando sus reveses y quitándole importancia a sus victorias. Cualquiera con dos dedos de frente se daba cuenta de que estábamos ante un intento de cambiar la historia a través de la descalificación de nuestros soldados. Ni la FAB escapa a la burla.

Ya al comienzo de la película, aparece el Presidente Getúlio Vargas parlamentando en la Conferencia de los Cancilleres. Instantes después, las palabras de Vargas son subtituladas con un patético doblaje. El Presidente “habla” entonces de hacer un buen negocio con los americanos al enviar una fuerza simbólica para luchar en Italia a cambio de la siderurgia de Volta Redonda. Vargas aún “dice” que tuvo que aceptar esa negociación ya que Rooslvelt amenazó con hundir a toda la Marina Mercante Brasileña. Termina con un “Bastardo Tío Sam. ¡Dios salve a América!”

Son este tipo de cosas, distorsionadas y manipuladas, las que ayudan bastante a extender falsas ideas e inventar la historia. Conozco actualmente diversas personas, algunas hasta bien informadas, que aseguran que fueron los submarinos americanos los responsables de mandar al fondo a 33 barcos brasileños, obligando así a nuestro país a entrar en la II Guerra Mundial.

Hay una interesante estadística. La Fuerza Expedicionaria Brasileña tuvo 465 muertos y 16 desaparecidos, pero nuestra Marina Mercante y de Guerra contabilizó 1.080 muertos entre tripulantes y pasajeros, dato muchas veces olvidado.



El Itapagé era un bello buque de la Companhia Nacional de Navegação Costeira. Con una eslora de 113 metros, desplazaba casi 5.000 toneladas, construido en 1926 en el astillero de Chantier de Penhoët, Saint Nazaire, Francia. Era un carguero mixto, es decir, transportaba carga y pasajeros, con una solitaria chimenea y dos grúas de carga. Zarpó del puerto de Río de Janeiro el 22 de Septiembre de 1943 con destino a Recife, sin escalas. Su carga era de 2.000 cajas de cervezas, destinadas a la fiesta de Nuestra Señora de Nazaré, en Belém do Pará. Completaban el manifiesto de carga dos camiones de tres toneladas, neumáticos, bidones de diesel, garrafones de ácido muriático, 30.000 cazuelas para la recolección del caucho y otras mercancías. A bordo también estaban 70 tripulantes y 36 pasajeros. El Itapagé tenía como Comandante al Capitão de Longo Curso Antônio da Barra.

El U161 era un submarino Tipo IXc , había sido comsionado el 8 de Julio de 1941 y estaba integrado la 2ª Flotilla basada en Lorient. Su Comandante era el Korvettenkapitän Albert Achilles, detentor de la Cruz de Caballero y muy respetado por sus hombres. Achilles había servido a bordo del crucero pesado Gneisenau y, más tarde, frecuentó la Marineschule Mürwik, siendo transferido entonces a la Ubootwaffe. Gran parte de su experiencia de combate fue adquirida cuando formó parte de la tripulación del U66, comandado por el célebre Korvettenkapitän Richard Zapp.

Fue a mediados de Septiembre de 1943 cuando el U161 alcanzó su nuevo campo de caza en la costa brasileña. Era su sexta patrulla de combate y, su joven pero experta tripulación, formaba un formidable equipo. Ya mojara su casco gris en el Caribe y en aguas africanas dando a su Comandante, hasta entonces, el palmarés de 12 buques hundidos y seis dañados. El año anterior había mandado a pique al USCGC Acacia de la Guarda Costera americana y dañado al crucero ligero inglés HMS Phoebe.

El 20 de Septiembre de 1943, el U161 torpedeó al vapor británico SS St. Usk de 5.472 toneladas que navegaba no muy lejos de Martin Vaz, con un cargamento de arroz, carne enlatada y simientes de algodón. La tripulación consiguió abandonar el buque a tiempo, pero el U161 se aproximó a las lanchas y Achilles capturó al Comandante del vapor, Capitão G. H. Moss.

El Itapagé navegaba sin novedad. La mar estaba un poco encrespada, pero el viaje era tranquilo. La idea de que los Uboote ya no eran una amenaza (no podía ser de otra forma, los periódicos informaban diariamente de las aplastantes victorias de los Aliados en todos los frentes, en mar, aire y tierra) y, la proximidad de la costa, transmitían una falsa sensación de seguridad. A primera hora de la tarde del 26 de Septiembre, con el oscuro casco del Itapagé contrastando contra el fondo arenoso del litoral costero alagoano, el U161 atacó. Dos torpedos alcanzaron al paquebote por la banda de estribor, con unos segundos de diferencia e, inmediatamente, el buque se inclinó contra dicho costado, comenzando a hundirse.



La violenta explosión lanzó una rueda de los camiones que estaban en el combés contra el puente de mando, matando al primer piloto Silveira da Cruz y fracturando la pierna del segundo telegrafista, José de Freitas Santos. El Capitán Antonio da Barra se encontraba en su camarote cuando la primera explosión y, rápidamente, llegó hasta el puente encontrándose en el suelo al telegrafista con el hueso de la pierna expuesto, suplicando que lo matasen de un tiro. Miles de fragmentos de vidrio de las botellas de cerveza barrieron la cubierta, hiriendo a diversos pasajeros y tripulantes. El Itapagé se hundió en cuatro minutos a la altura del pueblo de Lagoa Azeda, Alagoas, muy rápido, pese a la mar gruesa. Solo dos de las ocho balleneras pudieron ser arriadas a tiempo. Minutos después el U161 emergió y comenzó a circular lentamente entre los restos y los supervivientes quienes, aterrorizados, temían ser ametrallados. Después se alejó a media marcha en dirección Este, no siendo visto jamás.

He aquí el relato del maquinista del Itapagé, João Soares Pinto:

“Me encontraba en mi camarote, cuando fui sacudido por un brutal estruendo, seguido de un violento choque en plena panza del barco. Corrí para ver de qué se trataba, encontrándome con que el agua ya invadía la cubierta. Decidí tirarme al mar, buscando uno de los botes para salvarme. Después de unos 10 minutos de lucha contra las olas, fui recogido, poniéndome a colaborar en el salvamento de otros náufragos. El submarino agresor estaba pintado de color gris claro, emergió después del segundo torpedo, que, al igual que el primero, fue lanzado de cerca. Aparecieron sobre su torreta tres hombres rubios, uno de ellos con una gorra de oficial, haciendo fotografías a luz de flashes Foto Lux, del Itapagé naufragando.”

Existen numerosos testimonios de la presencia U161 navegando en superficie muy cerca de los náufragos comentando, entre otros detalles, el camuflaje gris del Uboot. Por desgracia, parece que nadie menciona el símbolo del submarino pintado en la torreta: Un drakkar vikingo negro navegando sobre un mar azul, dentro de un hexágono(12).

Con grandes dificultades y gracias al auxilio providencial de los pescadores de la zona, los supervivientes alcanzaron la playa. Sin embargo, 16 tripulantes y cuatro pasajeros murieron en el naufragio. Además, dos náufragos perecieron en el hospital de Maceió debido a sus graves heridas, siendo uno de ellos el tripulante Domingos Silva Santos, quien había sobrevivido al naufragio de Arabutan, un carguero de la Lloyds Brasileña, torpedeado por el U155 el año anterior.


Era Noviembre de 2009 cuando desembarqué en el Aeropuerto Internacional Zumbi dos Palmares, en la hospitalaria Maceió. Había contactado con Wagner del centro Ecoscuba para un buceo en el pecio del Itapagé. Llevó algún tiempo organizar el grupo de buzos y el barco que nos llevaría hasta el lugar, así como se arregló todo, pagué el avión.

Lo sabía casi todo sobre el Itapagé, pero quería más. Como tenía algunos días libres, decidí realizar un intenso trabajo de búsqueda de objetos, documentos y periódicos. Estaba embarcado en un viaje al pasado. Así que fui al Museo de la II Guerra Mundial, situado en el interior del acuartelamiento de la 20ª Circunscripción del Servicio Militar. También visité el Archivo Municipal, la Biblioteca Pública Municipal, el Instituto Histórico Geográfico de Alagoas y el Cementerio de Nuestra Señora de la Piedad. Hice de este modo un fantástico retorno en el tiempo a través de las amarilleadas páginas del periódico Gazeta de Alagoas y otras fuentes. Un dato interesante: A pesar de que el naufragio ocurrió el 26 de Septiembre, solo a partir del 2 de Octubre empiezan a aparecer noticias sobre el siniestro. La misma situación que pude comprobar en Porto Alegre leyendo los periódicos del Correio do Povo de Septiembre a Octubre de 1943.

En el Museo de la II Guerra Mundial, espacio cultural que fue organizado en 1996 por la Mayor Elza Cansanção de Medeiros, enfermera voluntaria de la FEB, pude ver diversos objetos recuperados del Itapagé. Uno de ellos es una escotilla de latón y otro es la placa con el nombre del buque, fabricante y fecha. Existe también algún plato, cuchillos, una pipa, un pasamanos, botellas de cerveza, peines, tazas, ampollas de vidrio, etc.


En el Instituto Histórico leí unos valiosos recuerdos del médico Ib Gatto Falcão:

“Maceió vivía con inquietud los noticiarios de guerra, como el riguroso "black out" que a todos estremecía y a muchos atemorizaba. Corrían noticias de que los soldados, que patrullaban por la punta de los muelles del puerto, podían ver a los submarinos alemanes rondando la pacífica Maceió. Por la noche la gente escuchaba la BBC, y también una radio alemana que transmitía desde Berlín con locutoras que hablaban un perfecto portugués dando detalles exactos que dejaban a todos consternados, incluso hasta actividades del 20º Batallón de cazadores. Tuvimos que recorrer a pié varios kilómetros y, al llegar a la playa, nos topamos con la dantesca escena de los numerosos náufragos, quemados, con huesos rotos, desnudos, en estado de shock.”

Cerca de una semana después del naufragio, se celebró una ceremonia medio civil medio militar en el cuartel del 20º Batallón de Cazadores a la que asistió un numeroso público. Hablaron autoridades civiles y militares. El Capitán del Itapagé, Antônio da Barra, empuñó el Pabellón Nacional cuando la banda del batallón tocó el Himno a la Bandera y, a causa de la emoción, no pudo contener las lágrimas. Luego los náufragos desfilaron ante la representante de la Cruz Roja Brasileña en Alagoas, Elza Cansanço de Medeiros. Al final del desfile, todo el batallón rompió en entusiasmados aplausos al grupo de náufragos. Son palabras de Antônio da Barra:

“Solo tengo el deseo de recibir otro navío que mandar, afrontando nuevos peligros, o que me dejen seguir con el Cuerpo Expedicionario para luchar contra los miserables que hundieron mi barco.”

Posiblemente no lo supiese, pero el U161 ya estaba destruido, en el fondo del mar, a la altura del litoral norte bahiano. El 27 de Septiembre de 1943, Achilles fue sorprendido cuando emergía por un avión de patrulla americano Martin PBM-5 Mariner(13) de Escuadrón VP-74 con base en Aratu. La situación más peligrosa para un submarino. No fue posible reacción alguna y no hubo supervivientes. A bordo también estaba el Capitán del buque inglés SS St. Usk, G. H. Moss.

Existe otra versión de este ataque. El Uboot fue, de hecho, sorprendido en superficie, pero se defendió con la antiaérea. El Mariner realizó dos pasadas ametrallando y bombardeando al submarino. Pese a resultar alcanzado, consiguió regresar a su base en Aratu con parte de la tripulación herida. De cualquier modo, el U161 jamás volvió a ser visto.

La tarde ya estaba muy avanzada cuando terminé mi lectura de la Gazeta de Alagoas. Al salir del Archivo Municipal sentí el aire cálido y el bullicio del centro de Maceió. Era hora de volver a Praia do Francês, donde yo estaba alojado. Haría una práctica al día siguiente, antes de bucear en el Itapagé.

Partimos equipados de Ecoscuba, caminando directos hacia la playa que distaba algunos metros un buzo amigo mío que se llama Víctor, Wagner y yo. Aprovechando que a esa hora la marea era favorable buceamos en el Canal do Francês donde encontramos un buggy hundido allí como pecio artificial hace unos años. También vimos una gran anguila con pintas, que estaba con la cabeza fuera de su gruta. Estaba estrenando un nuevo reloj de buceo, muy bonito, de calidad y quedé muy sorprendido al comprobar que estaba inundado y se había parado. Lamentable. La visibilidad no era de las mejores y, a cierta altura, había una fuerte corriente. Muchos erizos, algunos peces y un pez murciélago algo tímido. Como consumo muchísimo aire, fui el primero en tener la aguja del manómetro en la zona roja. Hice entonces algo atípico: Wagner y yo intercambiamos las botellas, a 10 metros de profundidad, arrodillados en la arena del fondo, y proseguimos. Al final emergimos sobre una roca, justo en la playa y con 44 minutos de tiempo de fondo. Una buena práctica.

Éramos un grupo de nueve buceadores, todos muy experimentados y fuimos en coche desde la sede de Ecoscuba, en Praia do Francês, hasta una localidad de Lago Azeda, un poblado de pescadores muy pobre, con solo una calle y algunas callejuelas. Los barcos estaban en el agua anclados, desprotegidos, fuera de cualquier abrigo. La operación de embarque del material y del personal fue compleja. Todo el equipo de buceo, botellas, cinturones de plomo, macutos, etc. fue antes en una pequeña chalana, desde la playa al miserable barquito que estaba a punto de desbordar. Después fue Wagner quien decidió que los buceadores fueran a nado hasta el barco. ¡Qué barbaridad!, ¿y yo?, ¡no sé nadar! Cachondeo general. Todo buceador, antes de ser buceador, es un cachondo mental.


He aquí que estoy sentado sobre la balsa, encallada sobre una roca lisa, cargada con el último lote de botellas. Una verdadera pirámide de cilindros. El patrón de pié en popa, atento, con una vara en la mano, aguardando una ola favorable para dar el impulso inicial, y yo poniéndome mi chaleco de buceo ya inflado, a modo de salvavidas. Entonces viene ella, una enorme ola azul, con una barra de espuma blanca. Levanta el bote, sí, pero también acierta de pleno en mi cara. Ropa empapada, ojos ardiendo y yo lleno de agua salada y arena. La gente estalla, ¡regocijándose con mi desgracia!

-¡Ha, ha, ha, ha, ha, heeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!

El patrón es hábil y pronto estamos camino al barco. Nos abarloamos y, al momento, estoy a bordo ayudando a meter las botellas. Allá en la playa los intrépidos buzos están viniendo a nado hacia aquí. Nuestro barco se movía mucho y la única manera de estibar las botellas era colocarlas tumbadas y calzadas. Una tarea complicada y peligrosa. De repente alguien grita en el agua, allá en popa, pidiendo una boya. No hay ningún equipo de salvamento a bordo. Ocurrió lo impensable: ¡Uno de los nadadores se está ahogando! ¡Dios mío! ¡Rápido! Medio segundo para pensar algo. ¡Claro! ¡Mi chaleco! Está inflado como un neumático de Fórmula 1. Me lo saco y consigo lanzárselo al ahogado. Wagner se lanza al agua por popa y el patrón de la lancha lleva la misma hasta el buzo en apuros y le ofrece un remo. Se resuelve la situación y el susto se pasa. Se trata pues, de aquella vieja historia que mi madre siempre contaba:

“Quien se muere ahogado es un buen nadador. Aquel que no sabe nadar, difícilmente se ahogará, pues el miedo le hace prudente.”

Navegamos durante más de una hora. Un océano con un tono azul que nunca había visto hasta entonces, batido por unas olas que nos provocaban una navegación poco confortable. La gente se acomodó en cubierta y yo me senté en la popa, junto al timonel. Curioso o, mejor dicho, preocupado, empiezo a observar detalles. Nuestra embarcación debe de tener unos 10 metros de eslora y el capitán es Zé da Loura. La bodega está llena de una maraña de redes que apestan a pescado y sal, y junto al timón hay una bombona de gas llena de herrumbre. Da la impresión de que si alguien apoya un cigarrillo en su pared carcomida, explotará. Por si fuera poco, está el monótono poc-poc y el nauseabundo olor del motor. ¡Arrrrghhh, una tortura! No hay ningún chaleco o salvavidas ni, mucho menos, radio o material de señalización. Sin embargo, el timonel ríe todo el rato. Su compañero dice que tiene a bordo un gimnasio particular. Coge agua del mar con un pequeño balde, y lo vacía en un tubo de PVC que está en la vertical, junto a la bodega, para desatascarlo. El tubo tiene enroscado un palo de escoba, el timonel lo coge por un extremo y comienza un movimiento de vaivén. ¡Dios mío! Es una bomba de succión y sale de la bodega un choro de agua de dos pulgadas, ¡esa es su gimnasia! ¡La leche!, ¡esta cosa está haciendo agua!


Llegamos al naufragio. No sé cómo pueden acertar con el sitio en medio del basto océano. Estamos a casi ocho millas de costa, casi en la perpendicular de Lagoa Azeda. ¿Cómo son capaces? La línea de costa es visible y tal vez usen algún proceso de marcación por enfilaciones, alineando dos elevaciones y la coincidencia de una torre con una grieta en el acantilado, o algo parecido. Tal vez encontrar así una zona no sea muy difícil, pero localizar un punto requiere mucha habilidad.

Desde la borda del barco podemos atisbar la sombra marrón del Itapagé, allá en el fondo. Luego, Claudionor, uno de los buzos que nos guiará, expone un resumen de la inmersión. Descenderíamos todos juntos, formando un solo grupo. ¡A equiparse!

Se lanza un cabo con peso atado en medio del naufragio, para descender por él. Wagner comentó a los buceadores que se equiparan en el agua, es decir, que se pusieran el conjunto chaleco/botella/latiguillos flotando en el mar, ya que así pesa mucho menos y se coloca mejor. No quise arriesgarme, por que noté que había algo de corriente, y me eché al mar ya equipado e, inmediatamente, fui arrastrado a popa, agarrándome como un mono al tag line.

Nos sumergimos y en seguida vi el Itapagé. ¡Fantástica imagen! Valió la pena todo el sufrimiento hasta aquí. El agua está caliente, la corriente disminuía con la profundidad y la visibilidad alcanzaba los 30 metros. El buque es enorme y reposa sobre un fondo plano de arena blanca, está lleno de marcas de líneas cebreadas, unas claras y otras oscuras. Un marco agradable. Bancos de barracudas, jureles y bonitos desfilan en varias direcciones ajenos a nuestra presencia. El pecio está escorado a estribor, partido a la altura de la primera bodega y sobre la arena hay centenares de botellas de cerveza. Aparecen también muchos neumáticos. Es como volver al pasado, donde todo es oscuro, silencioso y azulado, impresionante. Como siempre miro mis instrumentos: Estamos a 27 metros de profundidad y la temperatura es de 28ºC. Dos enormes tortugas nadan un poco más arriba, curioseando. Wagner está conmigo y nadamos hacia la proa. Estoy exultante y emocionado con la inmersión, mi flotabilidad es perfecta y respiro tranquilamente, disfrutando cada momento, cada imagen. Llegamos a la proa, que está entera y es gigantesca, con aquella característica forma recta de los buques proyectados en el periodo de entreguerras. Inolvidable. Las anclas no están por allí y hacemos una curva por la roda de proa. En la arena hay una delicada taza de porcelana y un pequeño frasco de perfume, imagen surrealista en medio de toda aquella destrucción. Después es un plato el que yace al lado de una chapa de dos pulgadas de acero que fue retorcida por fuerzas catastróficas. ¿Cómo pueden sobrevivir objetos tan frágiles al brutal poder de un torpedo?



Había estudiado detalladamente el croquis del pecio realizado por Maurício Carvalho y que está colgado en www.naufragiosdobrasil.com.br. Me fue muy útil para la orientación. Un verdadero mapa de la mina.

Como siempre, la segunda inmersión fue la mejor. Acercamos más nuestra embarcación al pecio, para economizar esfuerzo y aire. Descendí con Víctor, quien me iba a enseñar la estancia donde había encontrado una bañera y un retrete, a estribor de las calderas. Ciertamente allí estaban y la gente quería hacerse fotos dentro de la bañera o sentada en el retrete. Hicimos algunas fotos de este compartimento y todos pensaron que era el camarote del Capitán Antônio da Barra. Desconozco si el dato es correcto. Cerca había otro cuarto de baño, pero dado la vuelta. Lo que era suelo se convirtió en techo y el retrete estaba invertido. Más abajo, acostado sobre el fondo de arena, estaba el mástil y, debajo del, un eje, cigüeñal, ruedas y restos del chasis de uno de los camiones. ¿Sería de éste del que saltó la rueda que mató al primer piloto? Nadamos hacia popa. Wagner encuentra en la arena, cerca del segundo mástil, centenares, tal vez millares, de cartuchos .44 WCF CBC. Típica munición de las carabinas Winchester modelos 1873 y 1892, que por aquel entonces era un arma muy común en las regiones Norte y Noroeste de Brasil. Muy raro, ya que no se dice nada en documento alguno. Quizás un pedido de algún gran almacén de Belem o de las plantaciones de caucho a la Compnahia Brasileira de Cartuchos. Me dijo después, ya en superficie, que también había encontrado proyectiles de artillería. Pensé que los habría confundido con objetos parecidos y no le di mucha importancia.

Más botellas de cerveza y neumáticos por la arena. También restos del segundo mástil y uno de los pescantes de estribor que bajaron los dos únicos botes. Allí está la forma redondeada de la aleta de babor, con parte de la barandilla. Una preciosa curva que aún conserva su elegancia, a pesar de todo. No vi ninguna de las dos hélices, tal vez robadas por saqueadores. Es posible penetrar en la popa, pero no lo hago, pues habíamos planeado estar 15 minutos en el fondo y ya es hora de volver. Regreso a través de un campo de restos, escoltado por un banco de jureles. ¿Pueden dos torpedos provocar semejante daño, o alguien dinamitó el centro del buque hace un tiempo? ¿saqueadores a la caza de alguna cosa de valor? Allí está nuestro cabo para ascender y los buzos se reúnen en las cercanías. Viniendo de varias partes del naufragio, convergen en nuestro punto de reunión. Es posible ver las nubes de burbujas blancas que se acercan, contrastando con aquella inmensidad azul. Allí cerca están los dos motores diesel, perfectamente visibles. Están paralelos y tienen más de cinco metros de altura. Al lado observo una gran caldera. Poseído por un irresistible deseo, nado hasta los motores y atravieso lentamente un pasillo de ocho metros formado entre ambos. Sigo a una barracuda plateada que va delante, manteniendo una distancia constante. El pez brilla en este mundo opaco y silencioso. ¡Inolvidable sensación! Es, tal vez, el mejor momento de mi modesta vida de buceador. Sin gravedad y sin ruido, solamente el sonido de mi respiración y el murmullo de las burbujas que salen de mi regulador de aire. Lentamente, disfrutando de un momento de rara belleza, equilibrio y paz como jamás sintiera hasta entonces. Soy presa de una enorme emoción de la que me siento absolutamente incapaz de describir en estas líneas. Pero es hora de volver, una lástima. Salgo por el otro lado y nado en dirección al cabo que está amarrado a una enorme viga. Mi escolta se compone ahora de solo dos jureles. Allí está Joyce, la otra guía del grupo, enseñándome el reloj y señalando con el pulgar hacia arriba. ¡Subir!


Emergemos despacio, al ritmo de las burbujas pequeñas. El agua está caliente, transparente y pronto alcanzo la posición de los cinco metros de la parada de seguridad. Allí está otro buzo y le muestro mi manómetro, con la aguja en el rojo, fruto de mi paseo por los motores. Me pasa entonces su segundo regulador de aire, el de reserva. Quedamos de esa guisa, compartiendo la misma botella, durante tres minutos. De abajo surgen nubes de burbujas que me hacen cosquillas en la cara y al casco de madera de nuestro barquito. ¡Qué inmersión!

Ya en superficie, todo fue más complicado. La corriente seguía siendo importante y no había escalera ni plataforma de embarque. Los dos pescadores solo cogían la botella, los plomos y las aletas, pero los buzos tenían que subir poniendo el pié en la gaza de un cabo. Un sinfín de chapuzas. ¡Qué duro!

Una vez que estuvimos todos a bordo, y sin mayor novedad que un feliz cansancio, iniciamos el retorno. No podía dejar de pensar que, en aquel mismo lugar, 66 años atrás, un Uboot había torpedeado a un buque brasileño. Pero había más historia en aquella parte del Océano. Mirando el horizonte a Nordeste, imaginé como allí, el acorazado de bolsillo Graff Spee había mandado a pique al vapor inglés SS Clement, su primera víctima en la II Guerra Mundial.

Días después hablé con varios pescadores y buceadores de la región, gente con más de 50 años. Mi primera pregunta era sobre el U128 que había sido hundido cerca de Maceió en 1943. Como ya comenté, circulan muchas historias hoy día sobre este submarino. Incluso que había sido localizado por dos buzos deportivos, en distintos momentos. Resulta curioso el hecho de que ambos murieran en accidentes después del hallazgo. Por desgracia, nada concreto pude saber. Acabé averiguando que, hace más de 30 años, un equipo de buceadores había recuperado abundante munición de los pañoles del Itapagé. Hecho que puede significar que el navío tenía en popa un cañón para su autodefensa contra Uboote navegando en superficie, o que transportaba un cargamento de munición sin declarar. Difícil de demostrar.

También averigüé que la explosión del primer torpedo había lanzado al mar uno de los camiones, el cual había sido localizado recientemente por unos buzos. Su posición es, aproximadamente, 300 metros al Sur del pecio y se encuentra razonablemente bien conservado.



Busqué la tumba del tripulante Domingos Silva Santos en el cementerio de Nossa Senhora da Piedade. Era el mozo de cubierta del Itapagé y resulto gravemente herido en el ataque, falleciendo en el Hospital de Santa Casa de Maceió al día siguiente. Los periódicos de la época informaban del entierro de este hombre, con gran asistencia de gente, en ese mismo lugar. No encontré nada.

Al pasar por delante de un albergue en Praia do Francês, vi en la entrada un proyectil de artillería lleno de herrumbre. A primera vista, para mi incontenida alegría, parecía un proyectil de 105 mm del cañón de un Uboot del Tipo IX. Hablé con el propietario, que era un antiguo y experimentado buceador. Me contó entonces que había recogido el artefacto a finales de los años 70, en el fondo del mar, cerca de la playa. Faltaba la espoleta de la granada, pero las huellas del disparo estaban allí, marcadas por las estrías del cañón. Detalle que indicaba que el artilugio había sido disparado. Pedí entonces una regla y enseguida constaté que el calibre era mayor del 105 mm. Bien, tal vez sea el de 127 mm del cañón estándar de la US Navy. Tampoco. Para mi decepción, la regla indicó un tamaño aproximado de 140 mm, algo bastante extraño(14) ¡Vaya cosa!


Notas:

  1. Existen relatos de barcos argentinos que seguían discretamente a estos convoyes, transmitiendo por radio, de forma abierta, la posición, rumbo y velocidad de los buques. Seguramente dichos mensajes fueran aprovechados por los Uboote.
  2. La US Navy utilizó también para patrullar nuestra costa dirigibles conocidos como blimps. Vinieron dos escuadrones, el ZP-41 y ZP-42, con un total de 16 aeronaves más ligeras que el aire. Operaron desde 1943 al 45 en misiones antisubmarinas, de salvamento, cobertura de convoyes, etc. No hay registro de combate alguno entre un blimp y un Uboot en nuestras aguas.
  3. Hidroavión de patrulla americano, bimotor, alas altas y de gran radio de acción, armado con ametralladoras y cargas de profundidad.
  4. Si lo comparamos con el brutal destino de los supervivientes alemanes del VI Ejército, prisioneros de los rusos después de la derrota en la Batalla de Stalingrado, el hecho resulta hasta cómico. El hambre, el frío, las heridas, malos tratos, piojos y enfermedades, exterminaron a la casi totalidad de los 91.000 hombres capturados. Solamente 5.000 sobrevivieron siendo los últimos repatriados en 1955.
  5. Bombardero pesado americano, cuatrimotor de gran radio de acción, alas altas, doble cola, armado con ametralladoras, bombas y cargas de profundidad.
  6. Bombardero-torpedero americano, monomotor, alas medias y tres tripulantes con armamento que podía estar compuesto de ametralladoras, cohetes, torpedo, cargas de profundidad o bombas.
  7. Caza naval americano, monomotor, de un tripulante, alas medias, armado con ametralladoras, pudiendo transportar cargas de profundidad.
  8. Existen 10 submarinos alemanes hundidos en la costa brasileña: U164, U507, U128, U590, U513, U662, U598, U591, U199 y U161.
  9. Fue un movimiento de rebelión promovido por algunas unidades de la Marina de Brasil, iniciado en 1893, contra el gobierno del Mariscal Floriano Peitoxo.
  10. Robert Whitehead fue un ingeniero inglés que desarrolló el primer torpedo autopropulsado en 1866. El arma fue conocida en muchas marinas por su nombre. En la noche del 16 de Abril de 1894 el acorazado Aquibadan, de 5.000 toneladas, fue alcanzado por uno de esos torpedos de 14’’ (360 mm).
  11. Submarino alemán encontrado en 1991 en la costa de Nueva Jersey, EUA, en un lugar donde, según los registros históricos, jamás podría estar. Posteriormente identificado por los buceadores americanos Chatterton y Kohler.
  12. El carguero Porto Alegre, de 5.187 toneladas, fue torpedeado a la altura de África del Sur, hundido rápidamente al ser partido en dos. El submarino agresor emergió entre los restos y los botes, tan cerca que los náufragos pudieron observar pintado en su torre la figura de la cabeza de un lobo, saliendo del agua y mostrando los dientes.
  13. Hidroavión de patrulla, transporte y bombardero americano. Bimotor, alas altas y doble cola, armado con ametralladoras y cargas de profundidad.
  14. Es posible que este extraño proyectil fuese la munición del cañón naval de 5’5 pulgadas BL Mark I, empleado por la Royal Navy durante ambas guerras mundiales. Solamente se fabricaron 81 piezas que portaron inicialmente los cruceros HMS Chester y HMS Birkenhead y, más tarde, el acorazado HMS Hood, el portaaviones HMS Hermes y otros. Aún es posible ver alguna de estas armas, muy bien conservada, en el War Imperial Museum, Londres.

Artículo realizado por Nestor Antunes de Magalhães. Traducción realizada por Yago Abilleira Crespo

Más información:


Nestor Antunes de Magalhães es miembro del grupo BdU - Brazilians discovering Unterseeboote -, un grupo especializado en el estudio de los uboot alemanes que operaron en la costa brasileña durante la Segunda Guerra Mundial, colaborando y facilitando información para poder bucear a los uboot naufragados.
Para más información: http://u-boats.sites.uol.com.br

Agradecimiento:

Desde U-Historia queremos agradecer a Nestor Magalhães la posibilidad de publicar sus artículos y disfrutar de sus experiencias.

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