Hombres intrépidos

Durante la Segunda Guerra Mundial un grupo de marinos mercantes se disponen a regresar a Inglaterra. Navegan en el “Glencairn”, un destartalado y viejo carguero británico, después de haber recogido una carga de armas y explosivos desde Baltimore a Londres.
Preocupados por la guerra y los sumergibles alemanes acechándoles, los nervios de la tripulación estarán a flor de piel y sus vidas pendiente de un hilo a punto de romperse.

Ficha

Título original: The Long Voyage Home
Director: John Ford
Actores Principales:

  • Olsen: John Wayne
  • Driscoll: Thomas Mitchel
  • Smitty: Ian Hunter
  • Cocky: Barry Fitzgerald
  • Capitán: Wilfrid Lawson
  • Axel: John Qualen
  • Freda: Mildred Natwick
  • Davis: Joseph Sawyer
  • Johnny: Jack Pennick

Guión: Dudley Nichols (Obra: Eugene O'Neill)
Música: Richard Hageman
Fotografía: Gregg Toland
Producción: John Ford
Idioma: Castellano
Productora: United Artists
Nacionalidad: Norteamericana
Año: 1940
Duración: 105 minutos
Blanco y negro.


Otros datos

Película del genial directo John Ford, algo bajo de forma tras haber rodado “La Diligencia” un año antes . Ambientada en el momento histórico (o rodada casi a tiempo real), nos presenta un film en el que las escenas suceden en un ambiente casi claustrofóbico. Personajes rudos y algunas veces tiernos a los que la guerra ha transformado en casi animales.
Con un inicio muy lento, la película va cogiendo algo de fuerza con el paso de los minutos, aunque no llega a envolver al espectador. Escenas bélicas poco creíbles, con ataque de aviones invisibles (mucho ruido y pocas nueces) y deambular de marinos sin misiones concretas.
Rodada con poco presupuesto y nominada a 6 Oscar, muestra la tétrica forma de enrole de las tripulaciones mercantes en Inglaterra y el sin vivir de las dotaciones de los buques que navegaban bajo el peligro de los “lobos grises” alemanes.
De uno a diez, le pongo un cuatro. No perderse a John Wayne en uno de sus papeles más discretos, el regreso de los “hijos pródigos”, ni el titular del periódico arrojado al mar. Por cierto, de los sumergibles... ni rastro.


José Carlos VIOLAT BORDONAU -2009-

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