A veces la muerte no llega de manos del enemigo

Si alguien tuvo una vez una muerte absurda a bordo de un Uboot, ese fue el Kapitänleutnant Rolf Mützelburg, comandante del U-203, una unidad oceánica del tipo VII-C. Este As, que en sus 8 patrullas de guerra (que totalizaban 242 días de mar), hundió un total de 19 buques aliados con 81.961 toneladas, y averió a otros 3 con otras 17.052, era un apuesto jóven alemán (con 29 años en el momento de su muerte), muy aficionado a los deportes náuticos y a la natación.

Con solo 19 años (en 1932) obtuvo su primer empleo en la marina como Offiziersanwärter y dos años después ya era Fähnrich zur See. Al inicio de la guerra había alcanzado el empleo de Oberleutnant zur See, y el 10 de junio de 1940 embarcó en el U-10, después de haber pasado dos años en buques contraminas, en el que estuvo hasta el 29 de noviembre de 1940, realizando patrullas de prácticas.

El 18 de febrero de 1941 obtuvo el mando del U-203, con el que realizó patrullas en el Atlántico, en la coste Este de Estados Unidos y en el Mar Caribe.

En su última misión, el 11 de septiembre de 1942, cuando se encontraba al suroeste de las islas Azores, sobre el mediodía, hizo emerger su sumergible para dar unas horas de descanso a su dotación. La gente subió a cubierta a respirar aire puro y a relajarse después de las nerviosas jornadas de búsqueda y ataque de navíos aliados.

Mützelburg quiso aprovechar para darse una zambullida y se subió al borde de la torreta para lanzarse de cabeza al mar, queriendo recordar su etapa de deportista en tiempos de paz, con tan mala suerte que un golpe de mar hizo girar al sumergible, haciendo que se golpease con el hombro y la cabeza contra uno de los tanques de lastre del buque.

Aunque rápidamente fue asistido por sus hombres, quedó tan mal herido en la columna y la cabeza que pese a la rápida ayuda médica que le prestó el médico del U-462 (Tipo XIV), que se encontraba por la zona para prestar ayuda y suministros a los “lobos grises”, terminó falleciendo, siendo arrojado su cuerpo al mar el día 12 de septiembre, en la posición 36º14´N-31º21´W, haciéndose cargo del U-203 el segundo de a bordo.

Mützelburg había sido condecorado con las Cruces de Hierro de Primera y Segunda clase, la U-Boots-Kriegsabzeichen 1939 (que se entregaba a quienes habían participado en 2 misiones de guerra), la Cruz de Caballero –que recibió el 17 de noviembre de 1941, a la que se añadieron las Hojas de Robre el 15 de julio de 1942.
El 25 de abril de 1943 el U-203 fue hundido por cargas de profundidad de aviones y buques de escolta británicos al sur de Cabo Farewell en Groenlandia., con el resultado de 11 muertos y 38 supervivientes. Ese día el sumergible se reunió con su comandante en las frías aguas del océano que le vio morir de una forma tan trágica y absurda.

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Hubert Sasse. La pieza que falta al rompecabezas.

El día 18 de mayo de 1943, zarpaba de la base francesa de Toulón el sumergible “U-755” (al mando del comandante KL.Walter Göing), una unidad del tipo VII-C con la misión de patrullar la zona oeste del mediterráneo. Diez días después de iniciar la navegación, el día 28 del mismo mes de mayo, el sumergible que hasta entonces había hundido tres buques aliados, perdió su suerte. Un avión “Hudson” del 608º Escuadrón de la R.A.F. le avistó al noroeste de la isla de Mallorca, comenzando la batalla, respondiendo el sumergible en superficie con su artillería antiaérea. Tras varias pasadas sobre el buque, el avión lo alcanzó con varios cohetes que hicieron que vigorosos incendios brotaran de su cubierta, comenzando a hundirse mientras no dejaba de navegar en círculos.
Nada más lanzarse al agua, algunos de los hombres de la dotación fueron atacados por el avión británico, permaneciendo en el mar bastante tiempo hasta que fueron rescatados por el destructor español “Velasco” que los desembarcó en Valencia. En el ataque murieron 40 hombres de la tripulación, sobreviviendo solamente nueve. Poco después el cuerpo del OFkMt. (Oficial de radio) Hubert Sasse apareció flotando en la Playa de la Malvarrosa de Burriana (Castellón), portando entre sus ropas un chaleco salvavidas y un tubo hermético, en cuyo interior estaban alojados sus datos y una fotografía.
Los cadáveres de otros compañeros fallecidos aparecieron igualmente en Sagunto, en Valencia. Un comerciante alemán de la zona llamado Josef Kaufer, que trabajaba para la embajada alemana como representante de exportación de naranjas, se encargó de identificarlo y fue él quien organizó un sepelio en honor a su compatriota, pagando igualmente la lápida, siendo enterrado en un nicho adquirido por él, que puso a nombre del Consulado alemán.
Los Kaufer, a través de su hija, Martha Kaufer, han cuidado siempre de la lápida, acogiendo los restos del marino como si de su propio hijo se tratase. En uno de sus viajes a Alemania, la familia Kaufer localizó a las hermanas del soldado y les enseñó una fotografía de su tumba, que nunca pudieron visitar, ya que eran de origen humilde.
En el año 1980 Gabriele Poppelreuter, enviada por la Embajada alemana en España, se puso en contacto con los Kaufer con el fin de trasladar los restos del militar al nuevo cementerio que se estaba construyendo en Cuacos de Yuste, trasladándose hasta tres veces a Burriana (Castellón), no pudiéndose realizar el traslado debido tanto a la negativa de la familia alemana como de la española.
Desde entonces la tumba de Hubert continúa recibiendo flores por parte de la los Kaufer en el cementerio de Burriana, mientras, otros cinco compañeros que también aparecieron en las costas de Barcelona, descansan a la sombra del Monasterio de Yuste

Del libro “El Cementerio Militar Alemán de Cuacos de Yuste –Cáceres-“ Agustín Ruzafa, Javier Verdú, José CarlosViolat.
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