Los propios angloamericanos están tan convencidos de los daños que puede provocar el arma submarina que deciden preparar a toda prisa sistemas defensivos elementales contra los sumergibles, programas sencillos pero no por ellos menos eficaces.
La primera señal de alarma procede del comandante del U-533, quien afirma haberse cruzado con un buque de proporciones respetables, que confundieron primero con un portacables el cual, aún habiendo sido alcanzado en la popa por un torpedo, no dio señales de avería y prosiguió su camino sin desviarse siquiera.

Dos petroleros canadienses se libraron, asimismo, del hundimiento, debido al mal funcionamiento de los torpedos.
Otros sumergibles vivieron episodios similares, desde las Bahamas al Mar del Norte.
Hay que descubrir cuál es ese prodigioso sistema de defensa que los americanos y los ingleses han inventado para protegerse de los halcones del mar. Dönitz encarga una misión al U-569, desviado, temporalmente, de la zona de Murmansk a Terranova. 

Durante días y días el sumergible alemán permanece al acecho en la ruta seguida habitualmente por los convoyes militares y barcos de transporte. Finalmente, la tripulación ve premiada su paciencia: se avista un convoy.
En el centro navegan dos petroleros y una unidad mayor, evidentemente cargada de tropas y material bélico. La orden es no atacar, sino descubrir únicamente con una audaz maniobra de inmersión, cómo se protegen contra los torpedos los barcos americanos. Según las órdenes de Dönitz, es necesario evitar a toda costa el enfrentamiento.
Con una mirada de disgusto, el comandante de la unidad alemana deja escapar a los dos petroleros, que viajan bajo la escolta vigilante de dos cruceros pesados y cuatro cazatorpederos. Mientras se aproxima el segundo destacamento, en cuyo centro navega un barco de más de 20.000 toneladas, que por lo que denuncia el periscopio va cargado hasta lo inverosímil de militares, el sumergible desciende más aún.
El barco alemán, deslizándose silenciosamente a unos 60 metros de profundidad, navega durante algunas horas apenas a un centenar de metros de los barcos de guerra enemigos. El comandante espera el momento más oportuno, la oscuridad de la noche, para ascender y mirar de cerca, siempre a través del periscopio el casco de las unidades adversarias.
Los motores giran a mínimo; el latir de los corazones de todos los hombres hace eco al suave zumbido de las máquinas. Por fin hemos llegado. El sumergible sube diez metros; después de pararse un momento, el comandante ordena que continúe subiendo; el ojo del periscopio encuadra perfectamente la mole del gran barco de transporte, que avanza a una velocidad de casi doce nudos. El comandante comprueba que sus cálculos han sido exactos: el sumergible alemán está navegando exactamente entre el transporte de tropas y dos unidades de escolta, que tienen los cañones dirigidos hacia el mar abierto.

El periscopio vuelve a observar los flancos del barco que transporta las tropas a Europa; a ambos lados penden cables entrelazados como si se tratase de una red gigantesca, que se pierde en el agua.
Es una red de acero, extrañamente flexible, dice para sus adentros el comandante: una red capaz de retener las posibles minas móviles, o mejor aún, los torpedos lanzados por el enemigo que acecha en la superficie.
Consciente de la peligrosa posición en que se encuentra, el comandante del U-569 quiere tomar nota de todas las características de aquella ingeniosa protección contra los sumergibles. Disminuye más aún la velocidad: hay que averiguar si, a pesar de todo, el barco presenta algún punto al descubierto, y por consiguiente vulnerable.
Al contrario: la red es más tupida en la popa (deduce que lo mismo ocurrirá en la proa). Pero ¿qué es aquello oscuro y alargado que el barco arrastra enganchado a la red?.
El comandante no se equivoca: es precisamente un torpedo, lanzado por algún sumergible alemán en un punto del atlántico.
Un torpedo retenido entre las mallas de la red de protección, que no ha tenido tiempo de llegar al flanco del barco. El obús no explotó y nadie advirtió el hecho. El comandante del sumergible alemán no puede creer lo que ven sus propios ojos: el arma de destrucción está allí, silenciosa, inofensiva gracias a la red que protege el barco. Sólo más de treinta horas después la tripulación del transporte de tropas (los servicios de espionaje alemán captaron la noticia), descubrió la presencia del obús enemigo y pudo desprenderlo con extrema cautela, neutralizando así la amenaza que se cernió sobre el barco de transporte y las unidades de guerra de escolta, seguramente por más de cuarenta horas.

La noticia que Kart Dönitz hace llegar urgentemente a la Kriegsmarine, Alto Mando de la Wehrmacht y al propio Hitler, no provoca impresión alguna: en Alemania, o por lo menos en los ambientes militares, nadie, excepto el jefe de las unidades submarinas, parece confiar en los frágiles barcos de guerra; una vez más el almirante Dönitz repite en sus informes que es necesario intensificar la producción de sumergibles y perfeccionar los instrumentos de a bordo.

F. Martinelli “Los tiburones del III Reich”

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A raíz de la crisis de los torpedos de Noruega.”

    -Entre, Prien. Venga…; siéntese aquí.

El teniente de navío Meckel condujo al comandante del U-47 al sitio que le había sido destinado. Todo el mundo esperó a que Dönitz se hubiese sentado; luego, se fueron agrupando los oficiales alrededor de la mesa trayendo las cartas. Estaban presentes el Capitán de Fragata Godt, Jefe de la Sección de Operaciones, y los Tenientes de Navío Oehrn, von Daublebsky, Winter y Meckel, del Estado Mayor del Comandante en Jefe del Arma submarina.

    -Cuando guste- Dijo Dönitz-. No tengo necesidad de decirle que puede hablar aquí con toda libertad.

Prien miró aquellas cartas. La piel, pálida en la barbilla y en las mejillas, demostraba que se había afeitado aquella misma mañana. Los oficiales se miraron unos a otros cuando comenzó a hablar con voz tranquila y tono cansado, casi resignado. A cada instante, maquinalmente, se pasaba la mano por la barbilla. De vez en cuando volvía una página del libro de bitácora, abierto ante él, aunque se veía claramente que no tenía necesidad de consultarlo. Daba la impresión de que se observaba a sí mismo, y él se extrañaba de manifestar un desapego tan ostensible. Toda su cólera había desaparecido y sus palabras parecían tener un sonido diferente en aquella habitación. Allí, su barco no era más que una banderita clavada en aquella carta náutica.
Era el reino de las cifras impersonales, de la estadística. Allí la guerra tenía una cara muy diferente.
Alguien se movió. Prien alzó los ojos y se dio cuenta entonces de que el cigarrillo empezaba a quemarle los dedos. Apenas había dado una chupada…

    -Lo que nosotros queremos- interrumpió Dönitz- como usted comprenderá, son los hechos crudos. Se ha acusado con demasiada facilidad a los torpedistas.

    -Ya lo sé. A nadie le agrada confesar que se ha equivocado. Cuando realicé mi primer ataque me di cuenta, después de disparar, que el que dirigía el lanzamiento se había olvidado de efectuar la regulación, y los torpedos, en lugar de correr separadamente, yendo cada uno de ellos al blanco determinado, marcharon todos juntos sobre el blanco de en medio, un petrolero.
Ha habido, pues, una falta punible y castigué inmediatamente al responsable con diez días de arresto, aunque él no lo fuese en absoluto en el fracaso final.

Prien se levantó y dió algunos pasos nerviosamente, pero al ver que nadie se movía volvió a sentarse.

    -El castigo impuesto está registrado en el diario de a bordo. Le ruego, señor Almirante, que lo anule. Yo no puedo, en conciencia, castigar a nadie después de haber podido comprobar la porquería de torpedos que nos han entregado…

    Dönitz levantó la mano, pero Prien no se dejó interrumpir.

    -¡Tendrían ustedes que haber oído a mis hombres!. Ya no pueden más. Están agotados. ¿Y qué quieren ustedes que haga?. ¿Dirigirles preciosos discursos, diciéndoles que unos tienen que morir para que los demás se salven; que otros tienen que sacrificarse para que el Ejército tenga tiempo de replegarse?. De todas formas, mis hombres están dispuestos a hacerlo, porque lo aprendieron ya en la escuela: todo eso de las Termópilas, cuatrocientos ochenta años antes de Jesucristo…
Su tono era cada vez más apasionado:
    -Yo no puedo mandar un barco sin obtener victorias. Se puede pasar sin comer o sin dormir, pero sin éxitos. Son los éxitos los que mantienen a una dotación y los que ponen todo en orden. ¡Una partida en la que el adversario tiene todos los triunfos no debe jugarse jamás!.

    Miró a los otros sin parecer verles.

    -Yo me lo he jurado a mí mismo: no volveré a salir con tales torpedos…

   Hubo un momento en el que Prien pareció asustarse de sus propias palabras.

    -¡Que me oiga bien todo el mundo!. ¿Es que un oficial debe callar siempre?. ¿Dar un taconazo y callarse, secarse las lágrimas sin que nadie le vea y morir?. Entonces, en ese caso, yo no soy el Oficial ideal…

    -¡No saldré más con esos torpedos!.

Hans Herlin “¡Submarino alemán a la vista!”

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En los sumergibles utilizados durante la guerra, los torpedos de reserva se estibaban en el alojamiento de proa de la marinería. Hasta que se disparaba un torpedo y se sacaba el primero de reserva para volver a cargar el tubo vacío no había apenas lugar donde poder estar ni de pie ni sentado; los torpedos de reserva se colocaban sobre la cubierta de la cámara, y encima de ellos se instalaba una segunda cubierta provisional de planchas de madera para la tripulación. Y aún este reducido espacio se llenaba, como todo el resto del buque, con toda clase de cestas, cajas y sacos de víveres.
El alojamiento de suboficiales (Unteroffizierraum), situado inmediatamente a popa de la cámara de mando (el cerebro y centro nervioso del sumergible) estaba igualmente abarrotado. En el pasillo central, entre las dos filas de literas, había una larga mesa que ocupaba todo el compartimento, y, a fin de dejar paso a los que iban a la cocina, a la cámara de motores o a la de torpedos de popa, los tableros eran rebatibles.
Debajo de ella todavía había estibados más sacos de provisiones –casi siempre patatas-, y del techo colgaban grandes bolsas de pan que obligaban a inclinar la cabeza a los que allí pasaban.
La litera era el único sitio donde se podía pasar el tiempo libre, pero había que estar echado, ya que era imposible sentarse cómodamente a causa de la barandilla; y si alguien pasaba –lo que ocurría invariablemente a las horas de las comidas, en que se efectuaba el relevo de la guardia (de aquí que se llamara a este lugar Lepziger Strasse o Postdamer Plats)-, había que poner la cabeza debajo de la litera superior, con las piernas encogidas y rodeadas por los brazos, pues de otro modo habría sido imposible el tránsito por entre las mesas y las literas, los sacos de patatas y las bolsas de pan.
Pero todo se daba por bien empleado si el crucero tenía éxito.

Harald Busch  “Así fue la guerra submarina”.

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El origen de los Q Ships
Es interesante observar como el 4 de julio de 1813, durante el bloqueo británico de la costa de EE.UU.,  y cuando se prestaba especial atención a los pequeños comerciantes en ovejas, aves, etc. que burlaban el bloqueo, una partida de pescadores de Connecticut prepararon el velero “Yankee” para capturar la balandra de guerra “Eagle”. Ocultos en su bodega iban 40 hombres bien armados, pero en cubierta sólo se veían tres pescadores, un ganso, una ternera y una oveja.
Al salir de New York, el pesquero fue avistado y cazado por el “Eagle”. Se le dió el alto, y, cuando el “Eagle” se abarloó a su costado, subieron los cuarenta hombres que, rompiendo el fuego sobre el buque inglés, lograron apresar el mismo, encerrando bajo cubierta a sus tripulantes, y llevándoselo a New York. Este fue el precursor perfecto del buque-trampa.
Los orígenes, sin embargo, pueden remontarse mucho más en el curso de la Historia, hasta dar con el caballo de madera de Troya.

La Guerra Submarina Alemana 1914-1918
R.H. Gibson y Maurice Prendesgart.

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Durante el mes de Abril de 1917 la lucha en el Mediterráneo fue tan activa para los Uboats alemanes y tan desastrosa para los aliados que incluso a la vista de Malta se hundió un velero con fuego de cañón.

Las aguas que rodeaban esta isla estaban casi sin proteger. Un “drifter“ (y quizás un par de motolanchas con buen tiempo) formaban las formidables defensas flotantes de esta joya de la Corona inglesa. Tan grande fue la congestión en el espacioso puerto, que los buques mercantes tenían que ser amarrados en boyas en otros dos fondeaderos abiertos.
Sobre estos  dos últimos refugios acostumbraban a rondar los U, y sólo pudieron ver flotas de carga moviéndose dulcemente en sus boyas, pero los U nunca se atrevieron a venir a tierra y castigar estos fondeaderos.
Entre ellos y los vapores veían líneas de boyas, que marcaban evidentemente los límites a barlovento de las redes defensivas y de los peligrosos campos  minados. Poco supieron los sumergibles alemanes que las boyas de límite del supuesto campo de minas eran sólo viejos y pintados tambores de aceite, amarrados en línea, y que ni una sola red o mina existía entre los buques mercantes y sus posibles destructores.
Los fondeaderos defendidos de Malta eran un completo “bluff”, pero aun así eran más felices concepciones que los barrajes de Dover y Otranto.

Los nombres de estos fondeaderos malteses eran Marsa Scirco y St. Paul's Bay

(Almirante Ballard, abril 1924)
La Guerra Submarina Alemana 1914-1918
R.H. Gibson y Maurice Prendesgart.

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Al poco de ser liberado por los ingleses y todavía convaleciente de sus heridas, Peter-Erich “Alí” Cremer viajó a su casa familiar donde vivía su anciana madre, ya viuda.

Como ya sabemos, Cremer fue el comandante del Wachtbataillon Dönitz y del Marine-Panzervernichtungsbataillon, con el que llegó a destruir 40 tanques ingleses. Con esta última unidad, y en las postrimerías de la guerra, fue herido gravemente al intentar rechazar un ataque blindado inglés y tras ser recogido con el abdomen gravemente herido.

Pues bien, un día cualquiera después de su liberación, se recibe una carta escrita en inglés y dirigida a su madre. Cremer, dado que su madre no sabía inglés, recoge la carta y la lee para sí. La carta dice lo siguiente:

Distinguida señora:

Permítame, aunque no nos conozcamos que le dirija estas breves líneas. Deseo que lo que voy a decirle no reavive el dolor que sintió usted al recibir la noticia.
Soy el comandante Holm, de la Royal Navy que, a bordo del destructor HMS Crocus hundió el U-Boot cuyo mando asumía el Capitán de Corbeta Meter-Erich Cremer, su hijo.
Guardo del combate y de la resistencia de su hijo un recuerdo imperecedero.
Sé lo mucho que sufren en su país y su pueblo. Por esto, si puedo serle agradable y ayudarla en lo que sea, si puedo enviarle aunque no sean más que paquetes de víveres, hágamelo saber. Me honraría y agradecería que aceptase usted que yo pueda aliviarla en algo en las horas penosas y dramáticas que usted debe soportar actualmente.
En espera del placer de leerla, dígnese aceptar, distinguida señora, mis respetuosos saludos.
De usted afectísimo

Comandante Holm

Hay que recordar que a finales de Septiembre de 1942, el destructor inglés HMS Crocus “cazó” en superficie al U333 y lo sometió a un durísimo fuego de cañón que le produjo algunas víctimas mortales y varios heridos graves, Cremer entre ellos. Al final pudo zafarse del ataque y regresar a La Pallice con la ayuda de un oficial trasladado desde otro sumergible. Desde ese incidente, Cremer ostentó el apodo de “Alí wreck” (Alí naufragio).

No hay que decir que tras leer la carta quedó estupefacto, los ingleses lo creían muerto desde tres años atrás.

- ¿Quién ha escrito, hijo?. Pregunta a su hijo.

- Un amigo que ha vuelto. Responde Cremer con la voz tomada.

"Los Lobos del Almirante" de Jean Noli, Plaza y Janes ed. 1972"

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"Ya a menudo había habido en la guerra submarina retrocesos y crisis. Son inevitables en toda acción de guerra. Pero hasta ahora siempre habían logrado ser superadas, porque la fuerza combativa del sumergible, en lo esencial, había seguido siendo siempre la misma. Pero ahora la situación había cambiado por completo. El rádar, pero principalmente la localización por rádar hecha desde los aviones, había despojado casi completamente al sumergible de toda eficacia bélica en superficie. El combate contra convoyes en la táctica de grupos en el Atlántico Norte, tal como estaba cuajada de fuerte defensa aérea la principal zona de operaciones, no resultaba ya posible en el futuro. Únicamente podría comenzar de nuevo si se conseguía mejorar la actividad bélica del sumergible de una forma esencial.
Extraje las consecuencias que debía e hice desalojar las zonas del Atlántico Norte. El 24 de mayo [1943] ordené a los sumergibles, mientras esperaba adoptar las necesarias medidas de precaución, que se dirigiesen a la zona marítima situada al Sudoeste de las Azores. Habíamos sido derrotados en la Batalla del Atlántico."

Del libro "Diez años y veinte días" de Karl Dönitz.

18º Capítulo. -La sexta fase de la Batalla del Atlántico-

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En mi puesto de mando en Francia se preparaba por mi Estado Mayor las operaciones submarinas en las llamadas “habitaciones de situación”. Aquí tenían lugar los cálculos diarios sobre la situación y se tomaban las decisiones pertinentes sobre los movimientos a realizar por las distintas unidades. Las cartas marinas necesarias para ello cubrían las paredes. Con alfileres o banderitas estaban señaladas las posiciones de los sumergibles y los datos que conocíamos sobre la situación del adversario, como, por ejemplo, los convoyes que se aguardaban y las rutas que seguirían, o bien las zonas y alcance de la defensa adversaria destinada a protegerlos. Las cartas se complementaban con otras representaciones gráficas. Contenían, por ejemplo, los datos geográficos en poder del puesto de mando sobre la duración del día y de la noche en las zonas de operaciones, corrientes marinas y mareas, condiciones meteorológicas en cuanto a heladas y nieblas, principalmente en el noroeste del Atlántico; partes diarios meteorológicos, estancia en el mar de los sumergibles operantes, así como final de estancia en astilleros o en puertos de los sumergibles aptos para el servicio y varios datos más por el estilo. Un gran globo terráqueo de más de un metro de diámetro hacía visibles estas circunstancias en el Atlántico tal como eran realmente, ya que, debido a las grandes distancias, las cartas planas sólo podían dar una visión aproximada, pues en las mismas había que calcular la influencia de la curvatura de la Tierra.
Junto a las habitaciones de situación se encontraban las que nosotros llamábamos “museo”. Aquí pendían de las paredes las representaciones gráficas más importantes sobre hundimientos, pérdidas de sumergibles y operaciones llevadas a cabo contra convoyes. El objeto principal era aquí fiscalizar la efectividad de nuestra guerra submarina, representándola en una forma plástica. El potencial del sumergible, esto es, la cifra de hundimientos correspondientes a cada día de estancia en el mar, se representaba por medio de curvas. Se calculaba en toneladas brutas después de recibirse los partes de los sumergibles correspondientes. Si dichos partes sólo podían ser aproximados porque los hundimientos habían tenido lugar por la noche, ello se tenía en cuenta para, al menos, lograr una cifra aproximada del potencial relativo a cada mes. A esta observación constante de la subida o bajada de la curva de hundimiento le daba yo una especial importancia. Lo mismo que el médico, que ve en la gráfica de temperaturas el estado de su paciente, así la Jefatura de los Submarinos veía en estas curvas de hundimientos si las cosas marchaban bien o mal en la zona de operaciones, ya que sin la ayuda de tales diagramas podría pasarse por alto algún detalle importante en cuanto al rendimiento de los sumergibles.

Karl Doenitz. “Diez años y veinte días”

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El 2 de septiembre de 1917, el vapor cargado de municiones Olive Branch (4.649 toneladas) fué atacado en el Mar del Norte por el U-28 (Schmidt). El sumergible rompió el fuego a 250 yardas y colocó su segundo proyectil en el pañol de municiones.
El vapor voló, y un camión de gran peso, lanzado por el aire por la explosión desde la cubierta cayó sobre el U-28 destrozandolo y finalmente hundiéndole.
La tripulación del submarino trató de persuadir a la del vapor que les diese asilo en sus botes, excesivamente cargados, pero no del todo sin fundamento, fué rechazada su petición y perecieron.

En el siguiente post del foro de U-Historia se trata este asunto: http://www.u-historia.com/uhistoria/foro/viewtopic.php?t=291

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Heinrich Lehmann-Willenbrock (1911-1986), el “pelirrojo de Bremen”, fue sin duda alguna, uno de los comandantes de sumergibles alemanes más fructífero durante la Segunda Guerra Mundial.
Embarcado en los U-8, U-5, U-96 y U-256, alcanzó un total de 179.125 toneladas de buques hundidos (25 barcos) y otras 15.864 toneladas en buques averiados, siendo por tanto uno de los “ases” de la guerra submarina, sirviendo sus hazañas a bordo del U-96 como argumento para la película “Das Boot”, el best seller de Lothar Günther Buchheim, reconvertido para la gran pantalla gracias al talento del cineasta Wolfgan Petersen.
Fregattenkapitän el 1 de diciembre de 1944, fue nombrado Comandante de la 11ª Flottille hasta el final de la guerra. Tras el armisticio, pasó 1 año en cautividad, volviendo a trabajar en el año 1946 con Karl-Friedrich Merten (otro “as”) en el rescate de los buques hundidos en el río Rhin.
En 1959, al mando del carguero “Inga Bastian”, Lehmann-Willenbrock rescató a 57 supervivientes del buque brasileño “Comandante Lyra”, que se había incendiado.
Posteriormente fue comandante del buque de investigación nuclear “Otto Hahn” de 25.790 toneladas de registro, 164 metros de eslora y propulsado por un reactor nuclear de 38 MW que le proporcionaba una velocidad de casi 16 nudos.
La quilla de este buque experimental (uno de los 4 únicos buques de esta clase construidos en el mundo) fue puesta en los astilleros Howaldtswerke Deutsche Werft AG de Kiel, -famoso por ser la cuna de muchos de los U-bootes de la Ubootwaffe a la que sirvió el propio Lehmann-Willenbrock- en 1963, después de casi tres años de diseño. Este buque, configurado para el transporte de pasajeros y mineral de hierro, hizo su primer viaje a Casablanca.
En 1979 fue desactivado su reactor nuclear, después de haber recorrido en nueve años un total de 650.000 millas, visitando 33 puertos en 22 países.
Su reactor nuclear le fue sustituido por una planta térmica diésel convencional, siendo en el año 1983 puesto de nuevo en servicio como buque porta-contenedores “MS Trophy”, y rebautizado el 19 de noviembre del mismo año como “MS Moria Susan”, convertido en 1985 en el “MS Norasia Helga”, en 1989 como “MS Hua Keng” y como “MS Madre” algún tiempo más tarde.
Lehmann-Willenbrock recibió, en los años 70, la Cruz Federal al Mérito, y durante muchos años fue presidente de la Asociación de ex-tripulantes de sumergibles con sede en Bremen, asociación que actualmente lleva su nombre.
Falleció en Bremen, su ciudad natal, el 18 de abril de 1986.

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A los uboote a veces se les conocía por el apellido de su comandante. Por ejemplo el U126 era conocido por U-Bauer ya que su Comandante era Ernst Bauer. A veces también eran conocidos por los emblemas que llevaban en sus torretas. Al U953 a veces se le denominada U-Kater (U-Gato) por el emblema que llevaba, un gato negro.

A otros uboote se les conocía por los apodos creados por sus tripulaciones. Por ejemplo:

U69_ Wolf (Lobo) U437 Werner U607 Kläuschen (pequeño Klaus)
U71_ Carsso U440 Paul (Pablo) U608 Doris
U96_ Peter (Pedro) U442 Jonas (Jonás) U609 Roland
U135 Drahtzieher (Enchufadores) U448 Krischan U618 Negrus
U221 Lindwurm U454 Eisbär (Oso polar) U623 Apricot (Albaricoque)
U264 Amigo (Amigo) U455 Forst (Bosque) U624 Eule (Lechuza)
U266 Neufundland (Newfounland) U459 Elefant (Elefante) U641 Pan (Cacerola)
U267 Seepferd U460 Jumbo U650 Delphin (Delfín)
U274 Piquin U461 Krato U662 Mammut (Mamut)
U281 Spinne (Araña) U462 Polyp U667 Glückauf
U338 Esel (Mono) U463 Pelikan (Pelícano) U704 Sieben (Coladeros)
U358 Moritz U465 Werwolf (El Lobo) U707 Löwe (León)
U359 Emil (Emilio) U510 Bussard (Buitre) U757 Drache (Dragón)
U381 Veilchen (Violeta) U552 Adelhaid (Adelaida) U758 Struppi
U382 August (Agosto) U575 Lilliput U962 Laterne (Linterna)
U406 Spatz (Gorrión) U590 Wotan    
U410 Stürmer (Escandaloso) U594 Lausbub (Tunante)    

Como anécdota comentar que los acorazados "Scharnhorst" y "Gneisenau" eran conocidos en la Royal Navy como Salmon y Gluckstein (salmón y piedra de la suerte).

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La cualidad de todo sumergible es sumergirse, pero cuando esa inmersión se hace sin la voluntad de su comandante, es que algo malo está sucediendo o a punto de suceder.
La flota de sumergibles tiene encomendada la misión de cortar las líneas de abastecimiento del país enemigo, así como la de hundir o averiar a los buques que las protegen.
Para ello cuentan con toda una serie de armas ofensivas que se van actualizando conforme las necesidades de la guerra las demandan, pensando siempre en ser más potentes y silenciosos que sus víctimas flotantes.
Evidentemente, en las campañas antisubmarinas, las flotas de superficie han necesitado incrementar sus medios así como actualizar sus tácticas, dedicando todo su esfuerzo en no perder distancias con su enemigo silencioso.
En toda guerra, existen vencedores y vencidos, y en la guerra en el mar esa cuestión no iba a ser la excepción.
El Almirante Doenitz presagió que la segunda guerra mundial no iba a ser un camino de rosas para la Ubootwaffe, y así fue, perdiendo su primer sumergible poco tiempo después de comenzar las hostilidades (el U-39 del Kptlt. Gerhard Glattes, hundido por la escolta de superficie del portaaviones inglés "HMS Ark Royal", al explotar prematuramente sus torpedos debido a un fallo de las espoletas).
Normalmente cuando un sumergible se hundía destruido por la reacción del enemigo, una banderita con su numeral desaparecía de las cartas náuticas del Alto Mando, y toda la información sobre esa unidad se archivaba en una carpeta, en la que se había escrito sobre la portada esta palabra maldita “Totalverlust“ (pérdida total, desaparecidos cuerpos y bienes).
Pero si la destrucción de un sumergible es una tragedia, cuando ese mismo barco es destruido más de una vez, es doblemente tragedia, como para tirar por la borda la herradura de la suerte.
Es cierto que algunos sumergibles alemanes resultaron hundidos varias veces a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, unas veces por la acción del enemigo y otras en trágicos accidentes; veamos algunos ejemplos de ellos:

U-31 (VII)

Botado el 01-03-36 en los astilleros AG Weser de Bremen. Fue comisionado el 28-12-36 bajo el mando del comandante Kptlt. Rolf Dau. Durante los primeros meses de la contienda efectuó varias misiones de guerra en aguas enemigas.
El 15-01-40 zarpó de la base de Wilhelmshaven para realizar una segunda operación de minado en Loch Eve. Se realizó un intento de minado la noche del 21 al 22 de enero, sin éxito, por lo que tras arribar a su base fue decomisionado temporalmente para ser revisado a fondo.
Tras los trabajos de mantenimiento, y cuando se encontraba haciendo pruebas en la ensenada de Jade, fue descubierto en superficie por un avión Blenheim inglés (del 82 Escuadrón), el cual logró dos impactos en el casco del sumergible, enviándole al fondo con sus 58 tripulantes, 13 de los cuáles eran trabajadores de los astilleros.
El U-31 se hundió a 20 metros de profundidad en la posición 53°37N-08°10E. El Uboot fue reflotado y puesto en servicio (recomisionado) el 31 de julio de 1940, siendo asignado a la 2ª Flottille de combate.
El 2 de noviembre de 1940, mientras se encontraba cerca del convoy OB237, fue localizado por el destructor británico "HMS Antelope" (Lt-cdr T. White), el cual le atacó empleando cargas de profundidad. El U-31 se fue a pique, en la posición 56º26N-10º18W, llevándose a 2 miembros de la tripulación, resultando el comandante Wilfried Prellberg y 43 de sus hombres prisioneros.
La tragedia del doble hundimiento no acabó con sus tripulantes nadando en las frías aguas. Dos de los hombres de su dotación murieron posteriormente, al intentar evadirse del campo de prisioneros en el que se encontraban internados.

U-57 (II-C)

Aunque esta unidad no fue destruida por el enemigo dos veces, si resultó hundida y tras ser reflotada, vuelta a emplear hasta su hundimiento definitivo por parte de su dotación, en la llamada “Operación Arco Iris”.
Botado el 14-09-37 en los astilleros Deutsche Werke de Kiel, fue comisionado el 29-12-38 bajo el mando del Oblt. Claus Korth. Tras finalizar las prácticas en la 5ª Flottille de entrenamiento, es trasladado a la 1ª Flottille de combate comandado por el Oblt. Erich Topp.
En la noche del 3 de septiembre de 1940, mientras se encontraba navegando próximo a Brunsbüttel, en el canal de Kiel (53.53N, 09.09E), colisionó accidentalmente con el mercante noruego “Rona”, yéndose rápidamente a pique y con él 6 de sus tripulantes.
Tras ser izado del fondo algunos días después, el 11 de enero de 1941 volvió al servicio activo, esta vez bajo el mando del Kptlt Wilhelm Eisele. Esta unidad siguió combatiendo en primera línea, totalizando bajo los distintos mandos grandes éxitos.
El U-57 fue barrenado por la propia tripulación el día 3 de mayo de 1945, para evitar que cayese en manos enemigas tras finalizar la contienda.

U-416 (VIIc)

Botado el 11-08-41 en los astilleros Danziger Werft de Danzig, fue comisionado el 04-11-42 bajo el mando del Oblt. Christian Reich. Tras efectuar las pruebas reglamentarias, fue asignado a la 8ª Flottille de Danzig como unidad de entrenamiento.
El día 30 de marzo de 1943, mientras navegaba por el Mar Báltico, colisionó con una mina sembradas el 26 de agosto del año anterior por el sumergible soviético "L-3", yéndose a pique.
Izado y puesto a flote el 8 de abril de 1943, fue empleado como unidad de entrenamiento, siendo asignado a la 2ª Flottille y posteriormente a la 21ª Flottille.
El 12 de diciembre de 1944, fue hundido por segunda vez en el Mar Báltico, cerca de Brüsterort, al noroeste de Pillau (en la posición 54.58N, 19.33E), al colisionar accidentalmente con el minesweeper alemán “M 203”, causando 36 muertos y 5 supervivientes.


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